De pequeño me aterraban las trituradoras de las cocinas americanas. Me imaginaba que medio país se saludaba agitando sus muñones a la salida del supermercado. También me daban mucho miedo las carreteras españolas, pues de todos es sabido que en España las carreteras siempre han querido asesinar a todos sus cantantes. Cada día, mientras se enfrascaba en su periódico, le hacía a mi padre las mismas preguntas: ¿Ha muerto Marisol? ¿Ha muerto Xuxa? La lluvia también me asustaba, pero esta vez era porque pensaba en los pájaros: creía que las copas de los árboles no eran suficiente para protegerles del agua. Daba por sentado que cualquier día se morirían todos. El día posterior a un aguacero, de camino al cole, siempre me quedaba absorto mirando al cielo hasta que aparecía el primero de ellos, volando hacia la importancia de una rama. Qué nostalgia me despiertan los 90. Sus casas que siempre necesitaban una Enciclopedia o un Atlas. Yo era un niño que se ponía rojo cuando David el G...