Esta primavera
está resultando ser
una Semana Santa
en donde nadie resucita.
Me estoy acordando mucho
de lo bueno que era mi padre
inventándose las cosas que no sabía.
Ese es el ingrediente clave
para que un padre
te fascine durante toda tu infancia
y te defraude
durante el resto de tu vida.
Mi paternidad
es una maravilla sin audiencia.
Este es un asunto tan triste
como la tristeza
que sentía mi abuela
cuando alguna vez
me veía adelgazar.
Con la de cosas
que tengo que decir.
Con la de cosas
que tengo por enseñar
y, sin embargo,
los ojos cada vez
se me van afilando más
para solo ver
a mis fantasmas.
Yo, como todos,
fui hijo de gigantes.
Mi padre lo sabía todo
hasta que no supo nada.
A los doce fui consciente
de que yo sabía más que él
de matemáticas
y de que yo
comprendía
mucho mejor que mi madre
el mundo que me rodeaba.
Eran gigantes
y yo les superé;
así que deduje
que nunca fueron
personas admirables.
¿Y si me equivoqué?
¿Y si resulta que,
en realidad,
a mi edad,
mis padres
sí fueron memorables?
A veces los fantasmas, no son más que personas invisibles y enfadadas. Siempre pensé que mi padre era una cosa y yo era otra. Pero ahora me pregunto si no soy solo un vehículo para que él regrese. Lo noto. Noto a mi padre a punto de irrumpir en mí. Empiezo a ser incapaz de sonreír en las fotos. Empiezo a tener esa misma mirada sardónica de persona que desafía a la vida a que se lo quite todo. El otro día volví a ver por enésima vez Terminator 2. Hay un momento en que Sarah Connor le pregunta al Terminator si sus heridas cicatrizarán. El Terminator responde que sí y entonces, con piedad, con curiosidad infantil, John le pregunta al Terminator: '¿Te duele cuando te disparan?' Y él responde que los disparos generan datos, y que los datos podrían llamarse dolor. Amazon tiene la irresponsable costumbre de enseñarme fotos de hace tiempo. Últimamente no para de enseñarme fotos con Andrea. Lo que Amazon no sabe, es que esas fotos ni siquiera son fotos d...