Unos años atrás,
mi madre y yo apenas nos hablábamos.
Nuestra relación era buena
pero éramos estrictamente familia:
personas que se quieren
sin tener con qué quererse.
Veíamos pelis,
de vez en cuando comíamos juntos.
Pero nuestras conversaciones
no iban más allá
de quitarle el polvo
a los temas de siempre.
Ahora es distinto.
Desde que murieron mis abuelos,
mi madre y yo hablamos
porque hablamos de ellos.
Los recordamos, le dibujamos al otro
nuestras fotos mentales
y entretejemos
nuestras versiones de los hechos.
A veces los sentimos tan cerca
que parece que, a pesar de estar muertos,
nuestros muertos nos unieran
estrechándonos la mano,
para formar un círculo
que nos recuerda
que somos parte de algo.
A veces los fantasmas, no son más que personas invisibles y enfadadas. Siempre pensé que mi padre era una cosa y yo era otra. Pero ahora me pregunto si no soy solo un vehículo para que él regrese. Lo noto. Noto a mi padre a punto de irrumpir en mí. Empiezo a ser incapaz de sonreír en las fotos. Empiezo a tener esa misma mirada sardónica de persona que desafía a la vida a que se lo quite todo. El otro día volví a ver por enésima vez Terminator 2. Hay un momento en que Sarah Connor le pregunta al Terminator si sus heridas cicatrizarán. El Terminator responde que sí y entonces, con piedad, con curiosidad infantil, John le pregunta al Terminator: '¿Te duele cuando te disparan?' Y él responde que los disparos generan datos, y que los datos podrían llamarse dolor. Amazon tiene la irresponsable costumbre de enseñarme fotos de hace tiempo. Últimamente no para de enseñarme fotos con Andrea. Lo que Amazon no sabe, es que esas fotos ni siquiera son fotos d...