El otro día
un árbol me sonrió
a través de sus pájaros.
Ya tengo 39 años
y lo más destacable
de esta edad
son los preparativos mentales
que voy haciendo
para despedirme de mi madre.
La muerte de mi madre
no debe pillarme
sin las maletas hechas;
sin el traje limpio y planchado
para asistir a su funeral.
Tengo 39 años y es agradable,
y sorprendentemente bueno,
ver cómo mis amigos
van embarcándose en sus edades
siendo prácticamente los mismos.
Algunos tienen algo menos de pelo.
Otros son más realistas
con el tamaño de sus sueños,
pero esencialmente
todos siguen
siendo ellos
por ahora.
Sé que mi vida
va a ir convirtiéndose en el temor
de vigilar ese 'por ahora'.
Comparar, por ahora, el mundo
con el estado de mi madre.
Pensar en su siguiente cita médica.
Recordar su dolor de rodilla,
urgirme a vivir
en los compases de espera
de mi madre.
No pasa nada.
Esto forma parte del todo.
Voy perdiendo cosas
mientras noto
que por fin tengo
la equipación correcta
para hacer bien las cosas.
Tengo 39 años
y solo puedo dar fe
de que la vida no es buena,
aunque sea hermosa.
Esta primavera está resultando ser una Semana Santa en donde nadie resucita. Me estoy acordando mucho de lo bueno que era mi padre inventándose las cosas que no sabía. Ese es el ingrediente clave para que un padre te fascine durante toda tu infancia y te defraude durante el resto de tu vida. Mi paternidad es una maravilla sin audiencia. Este es un asunto tan triste como la tristeza que sentía mi abuela cuando alguna vez me veía adelgazar. Con la de cosas que tengo que decir. Con la de cosas que tengo por enseñar y, sin embargo, los ojos cada vez se me van afilando más para solo ver a mis fantasmas. Yo, como todos, fui hijo de gigantes. Mi padre lo sabía todo hasta que no supo nada. A los doce fui consciente de que yo sabía más que él de matemáticas y de que yo comprendía mucho mejor que mi madre el mundo que me rodeaba. Eran gigantes y yo les superé; así que deduje que nunca fueron personas admirables. ¿Y si me equivoqué? ¿Y si resulta que, en realidad, a mi edad, mis padres sí fueron ...