De pequeño me aterraban las trituradoras de las cocinas americanas. Me imaginaba que medio país se saludaba agitando sus muñones a la salida del supermercado. También me daban mucho miedo las carreteras españolas, pues de todos es sabido que en España las carreteras siempre han querido asesinar a todos sus cantantes. Cada día, mientras se enfrascaba en su periódico, le hacía a mi padre las mismas preguntas: ¿Ha muerto Marisol? ¿Ha muerto Xuxa? La lluvia también me asustaba, pero esta vez era porque pensaba en los pájaros: creía que las copas de los árboles no eran suficiente para protegerles del agua. Daba por sentado que cualquier día se morirían todos. El día posterior a un aguacero, de camino al cole, siempre me quedaba absorto mirando al cielo hasta que aparecía el primero de ellos, volando hacia la importancia de una rama. Qué nostalgia me despiertan los 90. Sus casas que siempre necesitaban una Enciclopedia o un Atlas. Yo era un niño que se ponía rojo cuando David el G...
¿Qué culpa tengo yo de que mi casa se parezca tanto a mi corazón? Con lo primero con lo que me tropiezo siempre que vuelvo borracho a esta casa es con el ectoplasma de mi padre. Su fantasma mal afeitado, su mirada triste como de 'durante este rodaje sí se maltrataron animales'. Pero luego, enseguida, me acuerdo de que ese hombre me pidió que me separase de Andrea para que así él tuviera un sitio cómodo en donde vivir. En ese momento me pongo casi contento de que ese cabrón esté muerto. Por suerte, después me topo con los fantasmas de mis abuelos. Se cogen de la mano sentados sobre mi cama y desde allí me sonríen. A veces, mientras me quito las bambas, mi abuelo me repite que los perros tienen que comer hierba para purgarse. Sonrío mientras me pongo el pijama y pienso que yo, igual que los perros, como canciones tristes para purgarme. Cuando ya he pasado por todos mis fantasmas voy a mi habitación, enciendo mi ordenador, y me apresuro a recordarles a Rubén o a Bela que George M...