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Se me mueren las sillas

Se están muriendo
las cuatro sillas grandes de mi casa. 

Hace unas semanas, fui a voltear una 
para poder barrer debajo de la mesa
y entonces me di cuenta 
de que a la silla se le escapaba
un chorro de arena. 

Y desde entonces 
las cuatro sillas grandes de mi casa
han empezado a sufrir 
lentas hemorragias de serrín. 

A estas cuatro sillas
las recuerdo desde siempre. 
Tuvieron que pasar muchos años 
hasta que yo pude sentarme en ellas
llegando a tocar
con los pies en el suelo.

Quizá fueron los primeros muebles 
que compró mi abuelo
cuando se vino a vivir a esta casa. 

Puede que sea eso 
lo que le pasa a mis sillas:
que no son mías, eran de mi abuelo 
y alguien debe haberles contado 
que mi abuelo ya no viene 
a sentarse en ellas
porque lleva muerto dos años.

¿Le lloran polvo del desierto ahora?
¿O era una cláusula del vendedor de las sillas?
Estas sillas se desmaterializarán
cuando se enteren 
de que han perdido a su dueño. 

No hemos hecho nada por arreglarlas. 
Mi madre y yo hemos convenido
continuar usándolas 
aunque derramen por el suelo
polvorienta sangre de madera.

Ambos sabemos, yo y mi madre,
que en cualquier momento
pueden romperse con nosotros encima. 
Lo que no sabemos,
es si cuando se rompan las sillas
nos caeremos
y nos haremos daño
o nos troncharemos de risa.


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