Ir al contenido principal

Una bengala en la noche

El otro día me llamaron
para contarme
que una de las gemelas
se ha suicidado.

No soy capaz
de encarnar
todo el asombro que siento.

Laura está muerta.
Me lo han dicho y solo he podido
pensar en ella durante un segundo.
Después he maldecido a Dios un par de veces
y enseguida
me he metido en la cocina
a silbar
mientras me preparaba la comida.

Ojalá pudiera resumirlo todo
diciendo que la vida de Laura
ha sido breve y resplandeciente
como una bengala en la noche.
Pero no.
Laura tenía el cerebro roto.
Se lo averiaron de tal modo
que lejos de dejarse llevar por un impulso
Estoy convencido
de que se asesinó meticulosamente.

Se ve que aparcó en un descampado
y conectó una manguera al tubo de escape
para que el coche se le inundara
de monóxido de carbono.
‘Muerte dulce’ lo llaman en las películas.
Permitidme el chiste,
al menos, Laura ha tenido una muerte
de cine.

Intento sobrescribir mi estupor
con la primavera que entra por las ventanas.
Sin embargo, hay una cosa
que no logro quitarme de la cabeza:
sin las gemelas
yo no sería la persona que soy ahora.
Yo antes era un animal,
una bestia de tiro
capaz de partir el mundo
mientras lo rastrillaba con su vida.
No entendía lo que era la salud mental.
Repudiaba a los suicidas
y a sus historias de barrio pequeño y triste.
Me negaba a creer que la depresión
deprimía.
Pensaba que las personas
tomaban pastillas
y dejaban de sonreír
porque habían hecho algo mal.

Menos mal
que un día conocí a las gemelas y las quise
a pesar de que nunca paraban
de intentar destruirse.

Entradas populares de este blog

Los datos podrían llamarse dolor

A veces los fantasmas, no son más que personas invisibles y enfadadas. Siempre pensé que mi padre era una cosa y yo era otra. Pero ahora me pregunto  si no soy solo  un vehículo  para que él regrese. Lo noto. Noto a mi padre a punto de irrumpir en mí. Empiezo a ser incapaz de sonreír en las fotos. Empiezo a tener  esa misma mirada sardónica de persona que desafía a la vida a que se lo quite todo. El otro día volví a ver por enésima vez Terminator 2. Hay un momento en que Sarah Connor  le pregunta al Terminator si sus heridas cicatrizarán. El Terminator responde que sí y entonces, con piedad, con curiosidad infantil,  John le pregunta al Terminator: '¿Te duele cuando te disparan?' Y él responde que los disparos generan datos, y que los datos podrían llamarse dolor. Amazon tiene la irresponsable costumbre de enseñarme fotos de hace tiempo. Últimamente no para  de enseñarme fotos con Andrea. Lo que Amazon no sabe, es que esas fotos ni siquiera son fotos d...

Sin hijo

Esta primavera está resultando ser una Semana Santa en donde nadie resucita. Me estoy acordando mucho de lo bueno que era mi padre inventándose las cosas que no sabía. Ese es el ingrediente clave para que un padre te fascine durante toda tu infancia y te defraude durante el resto de tu vida. Mi paternidad es una maravilla sin audiencia. Este es un asunto tan triste como la tristeza que sentía mi abuela cuando alguna vez me veía adelgazar. Con la de cosas que tengo que decir. Con la de cosas que tengo por enseñar y, sin embargo, los ojos cada vez se me van afilando más para solo ver a mis fantasmas. Yo, como todos, fui hijo de gigantes. Mi padre lo sabía todo hasta que no supo nada. A los doce fui consciente de que yo sabía más que él de matemáticas y de que yo comprendía mucho mejor que mi madre el mundo que me rodeaba. Eran gigantes y yo les superé; así que deduje que nunca fueron personas admirables. ¿Y si me equivoqué? ¿Y si resulta que, en realidad, a mi edad, mis padres sí fueron ...

Mis fantasmas

¿Qué culpa tengo yo de que mi casa se parezca tanto a mi corazón? Con lo primero con lo que me tropiezo siempre que vuelvo borracho a esta casa es con el ectoplasma de mi padre. Su fantasma mal afeitado, su mirada triste como de 'durante este rodaje sí se maltrataron animales'. Pero luego, enseguida, me acuerdo de que ese hombre me pidió que me separase de Andrea para que así él tuviera un sitio cómodo en donde vivir. En ese momento me pongo casi contento de que ese cabrón esté muerto. Por suerte, después  me topo con los fantasmas de mis abuelos. Se cogen de la mano sentados sobre mi cama y desde allí me sonríen. A veces, mientras me quito las bambas, mi abuelo me repite que los perros tienen que comer hierba para purgarse. Sonrío mientras me pongo el pijama y pienso que yo, igual que los perros, como canciones tristes para purgarme. Cuando ya he pasado por todos mis fantasmas voy a mi habitación, enciendo mi ordenador, y me apresuro a recordarles a Rubén o a Bela que George M...