Ir al contenido principal

El perro

El perro es negro, es fiero, 
es gigante
y qué dientes.

A veces el perro
me mira desde la oscuridad
con sus ojos brillantes.

En otras ocasiones
lo escucho venir detrás de mí.
Cuando aprieto el paso
para alejarme de él
la pierna que me rompí
el pasado año
me sonríe con el ocasional relámpago
que dejan 
las heridas vencidas.

Este maldito perro
mordió hace dos años a mi abuelo
y, sin embargo, sigue por ahí suelto
haciendo de las suyas.
Y ahora encima
la ley prohíbe
echar azufre en las esquinas.

Tengo miedo
y no solo por mí.
Temo que este perro
empiece a perseguir a mi madre,
que empiece a olfatearla,
a mirarla como me mira a mí a veces:
desde la oscuridad y
con los ojos brillantes.

Cuando oigo al perro venir 
en pos de mí
intento auyentarlo, entretenerlo
hablándole
de los poemas y
de las mujeres que vendrán
en el futuro.

Suele funcionar, aunque no es
un método seguro. Cuando funciona
el perro ralentiza
su paso
y aprovecho para
echar a correr sin mirar atrás y
no me detengo hasta alcanzar
la puerta de mi casa.
Introduzco la llave tembloroso, exhausto.
Cierro con fuerza
tras de mí
y aunque los oigo,
sus ladridos atroces
suenan amortiguados
al otro lado
de la pesada puerta.
Respiro aliviado,
pensando entonces
en que al menos,
por un día más,
he escapado del perro.

Pero tengo miedo. Por mí,
por mis amigos,
por mi madre.
Si el perro la mordiera a ella,
como hizo con mi abuelo,
entonces
el siguiente sería yo
y luego otros.

Y luego todos.

Entradas populares de este blog

Los datos podrían llamarse dolor

A veces los fantasmas, no son más que personas invisibles y enfadadas. Siempre pensé que mi padre era una cosa y yo era otra. Pero ahora me pregunto  si no soy solo  un vehículo  para que él regrese. Lo noto. Noto a mi padre a punto de irrumpir en mí. Empiezo a ser incapaz de sonreír en las fotos. Empiezo a tener  esa misma mirada sardónica de persona que desafía a la vida a que se lo quite todo. El otro día volví a ver por enésima vez Terminator 2. Hay un momento en que Sarah Connor  le pregunta al Terminator si sus heridas cicatrizarán. El Terminator responde que sí y entonces, con piedad, con curiosidad infantil,  John le pregunta al Terminator: '¿Te duele cuando te disparan?' Y él responde que los disparos generan datos, y que los datos podrían llamarse dolor. Amazon tiene la irresponsable costumbre de enseñarme fotos de hace tiempo. Últimamente no para  de enseñarme fotos con Andrea. Lo que Amazon no sabe, es que esas fotos ni siquiera son fotos d...

Sin hijo

Esta primavera está resultando ser una Semana Santa en donde nadie resucita. Me estoy acordando mucho de lo bueno que era mi padre inventándose las cosas que no sabía. Ese es el ingrediente clave para que un padre te fascine durante toda tu infancia y te defraude durante el resto de tu vida. Mi paternidad es una maravilla sin audiencia. Este es un asunto tan triste como la tristeza que sentía mi abuela cuando alguna vez me veía adelgazar. Con la de cosas que tengo que decir. Con la de cosas que tengo por enseñar y, sin embargo, los ojos cada vez se me van afilando más para solo ver a mis fantasmas. Yo, como todos, fui hijo de gigantes. Mi padre lo sabía todo hasta que no supo nada. A los doce fui consciente de que yo sabía más que él de matemáticas y de que yo comprendía mucho mejor que mi madre el mundo que me rodeaba. Eran gigantes y yo les superé; así que deduje que nunca fueron personas admirables. ¿Y si me equivoqué? ¿Y si resulta que, en realidad, a mi edad, mis padres sí fueron ...

Mis fantasmas

¿Qué culpa tengo yo de que mi casa se parezca tanto a mi corazón? Con lo primero con lo que me tropiezo siempre que vuelvo borracho a esta casa es con el ectoplasma de mi padre. Su fantasma mal afeitado, su mirada triste como de 'durante este rodaje sí se maltrataron animales'. Pero luego, enseguida, me acuerdo de que ese hombre me pidió que me separase de Andrea para que así él tuviera un sitio cómodo en donde vivir. En ese momento me pongo casi contento de que ese cabrón esté muerto. Por suerte, después  me topo con los fantasmas de mis abuelos. Se cogen de la mano sentados sobre mi cama y desde allí me sonríen. A veces, mientras me quito las bambas, mi abuelo me repite que los perros tienen que comer hierba para purgarse. Sonrío mientras me pongo el pijama y pienso que yo, igual que los perros, como canciones tristes para purgarme. Cuando ya he pasado por todos mis fantasmas voy a mi habitación, enciendo mi ordenador, y me apresuro a recordarles a Rubén o a Bela que George M...