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La última conversación de Kate y Jason

Kate pensaba que el niño al que habían sentado en el pupitre de al lado apestaba.

Estaba tan convencida de que Jason no se lavaba nunca que un día, haciéndose la distraída, le pintó un rayajo en el brazo. Al día siguiente, se fijó y la raya no seguía ahí; Jason sí que se duchaba. Entonces, ¿por qué olía así de mal? Un tiempo después, el chico faltó una semana a clase debido a una varicela. Para Kate no es que el mal olor de Jason hubiera desaparecido, es que ahora el pupitre de al lado olía a nada.

15 años después se casaron y ahora los tenemos aquí, sentados en el porche de su casa. Beben cervezas y fuman cigarrillos. Ambos son escritores y están a punto de mantener su última conversación juntos.


Kate: Se me ha ocurrido una idea para un relato. Trata sobre una señora mayor, casi una anciana. Digamos que es una viuda de unos 65 años. Siempre lo hace todo igual. Come a la misma hora, se acuesta a la misma hora, se levanta a la misma hora, reza a la misma hora…


Jason: Vale: se quita la dentadura postiza a la misma hora, la mete en un vaso de agua con la pastillita efervescente a la misma hora y se hace un “checo-checo” en el coño a la misma hora. Lo pillo.

Kate: Sí, tú siempre tan sagaz. La cosa es que un día esta señora se despierta antes de lo previsto y se asusta. Ella lleva años levantándose siempre a la misma hora. No entiende por qué se ha despertado tan pronto. No ha tenido pesadillas, ayer no se acostó a una hora distinta y tampoco ha cenado fuerte. Creo que el relato se va a centrar en que durante todo ese día la anciana cree que va a morirse.

Jason: ¿Solo porque se ha despertado antes?

Kate: Sí, solo porque se ha despertado antes.

Jason: ¿Y se muere ese día?
Kate: No. No muere ese día. Al menos no es mi intención que muera ese día. De hecho, creo que el relato terminará con que al día siguiente vuelve a despertarse a la hora de siempre.

Jason: ¿Y qué quieres decir con ese relato?

Kate: Pues ya sabes, los cambios nos asustan demasiado. Les damos demasiada importancia. A veces creemos que cualquier cambio externo puede repercutirnos interiormente, cuando en realidad no suele ser así. Llega un momento en el que ya somos los mismos todo el rato.

Jason: Me gusta. ¿Extensión?

Kate: Unos 5 folios. Depende de lo a gusto que esté con esa señora.

Jason: Yo también he tenido una idea.

Kate: ¿Y de qué va lo tuyo?

Jason: Sobre… Veamos, no digo que sea original, de hecho seguro que ya existe algo parecido. Pero mi idea es escribir un relato sobre un triángulo amoroso en un mundo en el que el cielo, el paraíso, sí que existe. De hecho estoy pensando en una obra de teatro, sería más divertido. Me imagino a la gente vestida de blanco, con alas gigantes, como en esos anuncios de queso Philadelphia. La escenografía sería muy sencilla.

Kate: ¿Y cuál será la sinopsis? ¿O solo te hace gracia la premisa y aún no te has inventado una historia?

Jason: Sí, verás: en este mundo el cielo existe, ¿de acuerdo? Pero, obviamente, nadie lo puede saber hasta que no muere, así que básicamente todo es igual que en este mundo, para los creyentes. La cosa es que la historia tratará sobre una mujer que enviudece relativamente joven. Un tiempo después se vuelve a casar, y no solo porque haya conocido a compañero bueno y leal con quien acabar sus años… sino porque vuelve a enamorarse apasionadamente.

Kate: Ah, te empiezo a pillar.

Jason: Tú siempre tan sagaz…

Kate: Idiota.

Jason: Bien, cuando ella muere, Maggie, que es como se llamará la prota, sube al cielo y ahí están los dos hombres de su vida: su primer marido y su segundo marido. Los tres han sido buenas personas y se reencuentran en el cielo, pero ella no sabe bien con cuál de los dos quedarse. Su primer marido empieza a cambiar. Está resentido con ella, ¿cómo puede ser que dude entre su segundo esposo y él? ¿Acaso no fue él su primer amor? ¿No tuvieron hijos juntos? ¿No fueron tan felices? Ese resentimiento empieza a convertir al primer marido en alguien con malos pensamientos, hasta tal punto que un buen día San Pedro viene a buscarle, le coge de las orejas y se lo lleva al infierno.

Kate: Problema resuelto para Maggie, ¿no?

Jason: Sí. Salvo por una cosa…

Kate: ¿Qué cosa?

Jason: Echa de menos a su primer marido.

Kate: Oh. ¿Lo quería más? ¿Lo prefería?

Jason: No. Sencillamente, elegir es una mierda. Ya sabes, todos cancelamos muchas versiones de nuestra vida para que una de ellas pueda existir.

Kate: Esa versión que puede existir es la que importa, ¿no?

Jason: ¿Sí? ¿Eso crees? Yo creo que todas las versiones de nuestras vidas se preguntarían por cómo hubieran sido las otras.

Kate: O sea que nunca podemos ser felices.

Jason: Creo que sí, que podemos serlo. Pero es inevitable hacerse preguntas. Autoañorar los posibles destinos de uno mismo.

Kate: ¿Autoañorar? ¿Autoañorar los posibles destinos de uno mismo? Ahora entiendo por qué la crítica te prefiere a ti pero yo vendo más que tú.

Kate y Jason se ríen. Abren otra cerveza. A ambos les gusta bastante esta versión de sus vidas en la que una niña de 12 años comprendió que no comprender el olor de otro niño era síntoma de enamoramiento. Sin embargo, estamos en un mundo en el que la gente se convierte en zombie de repente, así que de súbito una ranchera se desvía de la carretera que pasa por delante de su casa, atraviesa el porche a una velocidad colérica y se estampa contra el cuerpo de Jason, matándolo.

Al principio, Kate pensó que la viudedad apestaba. Pero más tarde se dio cuenta de que simplemente olía a nada.

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