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Otro adulto más

Me adentré en la treintena
como quien mete un pie en el mar
para probar
cómo está el agua:
con miedo, con reservas.
Sabiendo que a esta edad
la vida debería convertirse en algo serio.
Pero entonces
quien se puso a trabajar en serio
fue la muerte
colándose en una sala de urgencias
para clavarle un puñal en los riñones
a mi abuelo.

Me adentré en la treintena
como quien mete un pie en el mar
para probar
cómo está el agua:
castañeteando los dientes
y caminando con cuidado.
Asistiendo silenciosamente a algunos entierros
y escuchando relatos de gente
que había perdido a otra gente.

Dejé de creer en las chicas raras.
Esas que aseguraban
que con su voz
podían hacer
que se durmieran las ballenas.
Me fijé en otras cosas. En las cenefas
que teje el sol sobre la colcha.
Empecé a convencerme
de que todas las mujeres que conocí en el pasado
fueron un error de casting
hasta llegar a la de ahora.

Ahora es el momento
de comprar relojes pesados
que me anclen al suelo para siempre.
Se acabó el vuelo,
ahora la vida
está a punto de convertirse
en algo muy serio.

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