Ir al contenido principal

El meme del brócoli

No iba a dejar que el coronavirus
entrara en mi poemario,
pero por qué no voy a hacerlo
si ya ha entrado en los supermercados.

Ayer fui a hacer la compra
y no había carne.
Algunos se reían, hacían bromas:
pues sí que tiene la gente
congeladores grandes ahora,
qué prisa
por quitarle a los demás
la comida.

Otros manoseaban las bandejas
con alternativas veganas
y negaban con la cabeza.

Menudo Apocalipsis de goma.

En la cola
nos reíamos.
Yo no sabía si éramos
una sociedad alegre, solidaria,
casi merecedora de esos anuncios cursis
que hace Campofrío,
o bien
si éramos como enfermos de cáncer
que se olvidan momentáneamente de su enfermedad
y se ríen
mientras un amigo
les cuenta un chiste.

Lo que yo quería era escribir un poema
sobre los informes de balística.
Me hace gracia que en las series de policías
los inspectores siempre estén esperando
los informes de balística.
Me imagino a un montón
de viejos sabuesos
bebiendo whisky, con la mirada perdida,
esperando a que el laboratorio
les permita cerrar o no
ese último caso
tan complicado.

Ya no escribiré nunca ese poema,
y eso que estos días atrás me lo notaba
casi saliéndome solo de las manos.
Pero lo he matado. Mejor dicho, lo ha matado
el coronavirus, que al fin, tras tantos meses
de darle esquinazo,
ha llegado
y se ha cobrado
su primera víctima mortal
en este poemario.

Entradas populares de este blog

Los datos podrían llamarse dolor

A veces los fantasmas, no son más que personas invisibles y enfadadas. Siempre pensé que mi padre era una cosa y yo era otra. Pero ahora me pregunto  si no soy solo  un vehículo  para que él regrese. Lo noto. Noto a mi padre a punto de irrumpir en mí. Empiezo a ser incapaz de sonreír en las fotos. Empiezo a tener  esa misma mirada sardónica de persona que desafía a la vida a que se lo quite todo. El otro día volví a ver por enésima vez Terminator 2. Hay un momento en que Sarah Connor  le pregunta al Terminator si sus heridas cicatrizarán. El Terminator responde que sí y entonces, con piedad, con curiosidad infantil,  John le pregunta al Terminator: '¿Te duele cuando te disparan?' Y él responde que los disparos generan datos, y que los datos podrían llamarse dolor. Amazon tiene la irresponsable costumbre de enseñarme fotos de hace tiempo. Últimamente no para  de enseñarme fotos con Andrea. Lo que Amazon no sabe, es que esas fotos ni siquiera son fotos d...

Sin hijo

Esta primavera está resultando ser una Semana Santa en donde nadie resucita. Me estoy acordando mucho de lo bueno que era mi padre inventándose las cosas que no sabía. Ese es el ingrediente clave para que un padre te fascine durante toda tu infancia y te defraude durante el resto de tu vida. Mi paternidad es una maravilla sin audiencia. Este es un asunto tan triste como la tristeza que sentía mi abuela cuando alguna vez me veía adelgazar. Con la de cosas que tengo que decir. Con la de cosas que tengo por enseñar y, sin embargo, los ojos cada vez se me van afilando más para solo ver a mis fantasmas. Yo, como todos, fui hijo de gigantes. Mi padre lo sabía todo hasta que no supo nada. A los doce fui consciente de que yo sabía más que él de matemáticas y de que yo comprendía mucho mejor que mi madre el mundo que me rodeaba. Eran gigantes y yo les superé; así que deduje que nunca fueron personas admirables. ¿Y si me equivoqué? ¿Y si resulta que, en realidad, a mi edad, mis padres sí fueron ...

Mis fantasmas

¿Qué culpa tengo yo de que mi casa se parezca tanto a mi corazón? Con lo primero con lo que me tropiezo siempre que vuelvo borracho a esta casa es con el ectoplasma de mi padre. Su fantasma mal afeitado, su mirada triste como de 'durante este rodaje sí se maltrataron animales'. Pero luego, enseguida, me acuerdo de que ese hombre me pidió que me separase de Andrea para que así él tuviera un sitio cómodo en donde vivir. En ese momento me pongo casi contento de que ese cabrón esté muerto. Por suerte, después  me topo con los fantasmas de mis abuelos. Se cogen de la mano sentados sobre mi cama y desde allí me sonríen. A veces, mientras me quito las bambas, mi abuelo me repite que los perros tienen que comer hierba para purgarse. Sonrío mientras me pongo el pijama y pienso que yo, igual que los perros, como canciones tristes para purgarme. Cuando ya he pasado por todos mis fantasmas voy a mi habitación, enciendo mi ordenador, y me apresuro a recordarles a Rubén o a Bela que George M...