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Mi madre

Todos tenemos cuentas pendientes
con nuestras madres.
Algo
por lo que sientes ganas
de arrinconar a tu madre
contra una pared,
mientras le clavas la mirada
y la apuntas con un dedo
que tiene forma de pistola:

¿Te acuerdas de esto?
¿Te acuerdas del mal que me hiciste?


Y sin embargo,
yo, por ejemplo,
no puedo olvidarme
de que mi madre
es de las que se quedan mirando
mientras se te cierran las puertas del ascensor
y luego espían
por el hueco de la escalera
para asegurarse de que has llegado
sano y salvo
al rellano.

Mi madre enciende velas
con las que nos protege a todos.

Cuando yo era un crío
y estaba de exámenes
ella ponía fotos del Sagrado Corazón
y encendía velones blancos alrededor.

Cuando alguien de la familia
espera los resultados 
de alguna analítica,
ella susurra ensalmos,
o entona plegarias
en voz baja
con las que espera evitar
un diagnóstico malo.

Ahora que Andrea
ha llegado a mi vida,
mi madre enciende velas
con las que la protege a ella
y a toda su familia.

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